Una reflexión sobre la enseñanza y las falsas expectativas
Hace poco alguien vino a nuestro taller, queriendo aprender a confeccionar pantalones. Le pregunté cuánto sabía de costura y patronaje, la respuesta fue: “nada, apenas se manejar mi máquina de coser”. Y me preguntó si era posible aprender a patronar y confeccionar un pantalón sastrero a medida en un fin de semana.
Su pregunta me hizo reflexionar y no porque tenga una respuesta complicada, de hecho, la respuesta es muy sencilla: no. Pero el verdadero interés no está en el "no", está en comprender por qué.
Vivimos en una cultura que ha convertido la velocidad en una virtud y la inmediatez en una expectativa. Queremos resultados rápidos, soluciones inmediatas y conocimientos condensados en el menor tiempo posible. Sin embargo, aprender sigue obedeciendo a las mismas leyes que hace cien años.
Nadie espera convertirse en pianista después de escuchar dos conciertos, ni hablar un idioma con fluidez tras memorizar veinte palabras. Y, sin embargo, a menudo esperamos dominar un oficio complejo después de unas pocas horas de formación.
¿Por qué? Porque desconocemos cómo funciona realmente el aprendizaje y, de forma natural, deseamos avanzar rápido. Pero hay procesos que no pueden acelerarse, porque el aprendizaje no se produce si no respetamos ciertos tiempos y si lo intentamos, seguramente el resultado sea un fracaso.
La diferencia entre ver y aprender
¿En dos clases es posible ver cómo se realiza un pantalón sastrero? Claro que sí. Incluso es posible presenciar todas las etapas del proceso. Podemos observar cómo se toman medidas, cómo se construye un patrón, cómo se realizan las transformaciones necesarias, cómo se corta el tejido y cómo se ejecuta la confección. Incluso hoy podemos ver todo ese proceso resumido en un vídeo de una hora cuidadosamente editado.
Al finalizar la demostración, probablemente tendremos una idea general del recorrido. Pero conocer el recorrido no significa ser capaz de recorrerlo.
Aquí es donde muchas personas confunden información con aprendizaje. La información puede transmitirse rápidamente, el aprendizaje no.
Lo que ocurre entre una explicación y una habilidad
Cuando un estudiante aprende patronaje no está memorizando una receta, está desarrollando una nueva manera de pensar.
- · Aprende a interpretar medidas.
- · Aprende a visualizar volúmenes tridimensionales a partir de líneas dibujadas sobre el papel.
- · Aprende a anticipar problemas antes de que aparezcan.
- · Aprende a reconocer errores y a corregirlos.
- · Aprende a relacionar cada decisión con el comportamiento posterior de la prenda.
Todo eso requiere práctica y la práctica requiere tiempo. Y no existe ningún atajo para sustituir esa experiencia.
El tiempo invisible del aprendizaje
Hay una parte del aprendizaje que nunca aparece en los programas académicos.
- · Es el tiempo de equivocarse.
- · El tiempo de repetir.
- · El tiempo de descoser y volver a coser.
- · El tiempo de repetir el trazo de una línea porque la primera no funcionó.
- · El tiempo de probar una y otra vez hasta encontrar el tiro perfecto.
- · El tiempo de preguntarse por qué un pantalón se gira, por qué una pinza no cae correctamente o por qué una costura tira cuando la persona camina.
- · El tiempo de encontrar la tela adecuada para el patrón y el uso del pantalón.
Enseñar no es acelerar
Como docentes, a veces sentimos la presión de prometer resultados rápidos. Sin embargo, la verdadera responsabilidad de un profesor no consiste en comprimir el conocimiento hasta hacerlo irreconocible. Consiste en acompañar al alumno durante el tiempo que necesita para comprender, porque enseñar no es hacer que algo parezca fácil. Es ayudar a alguien a construir las capacidades necesarias para hacerlo bien y eso exige respeto por los ritmos del aprendizaje, por los procesos que se producen en el cerebro del alumno para que el conocimiento realmente sea útil.
La artesanía del conocimiento
Patronar y confeccionar un pantalón sastrero a medida es una habilidad compleja y valiosa.
Precisamente por eso merece tomarse el tiempo necesario y entender que:
- · Cada hora de práctica añade comprensión.
- · Cada error aporta información.
- · Cada corrección desarrolla criterio.
Y llega un momento en que el alumno deja de seguir instrucciones y comienza a entender realmente lo que está haciendo, ese es el instante en que aparece la auténtica competencia profesional. No ocurre en seis horas ni en un fin de semana. Ocurre cuando el conocimiento, la práctica y la experiencia se encuentran.
Y para eso, como para todas las cosas que merecen la pena, el tiempo sigue siendo una parte imprescindible del proceso.
El aprendizaje y los procesos cognitivos
Para entender cómo se absorbe y encausa el conocimiento es importante comprender cómo nuestra mente procesa la información para transformarla en aprendizaje. Este enfoque traslada nuestra atención de las acciones visibles a los procesos cognitivos internos que intervienen.
Aprender no consiste simplemente en escuchar información. Nuestro cerebro debe atender, comprender, relacionar, almacenar y recuperar lo aprendido para poder utilizarlo posteriormente. Por eso las habilidades complejas requieren práctica. No basta con entender una explicación: es necesario experimentar, equivocarse y repetir hasta que el conocimiento se integre verdaderamente.
Por otra parte, no podemos construir sobre la nada. Todo aprendizaje necesita fundamentos, es necesario avanzar escalón por escalón para que el conocimiento pueda consolidarse.
Por ello, para que una persona pueda llegar a aprender cómo realizar un pantalón sastrero, por ejemplo, primero debe aprender a confeccionar una base de pantalón, un pantalón deportivo o un pantalón pijama. Debe entender cómo se traza y ajusta el tiro, y por qué razón. Debe manejar las holguras y entender por qué la medida de la cintura debe ser igual o mayor que la de la cadera en un pantalón con cintura elastizada. Debe entender el porqué del largo de la cremallera en un pantalón básico. Y eso se aprende, incluso antes, en la falda. Eso es aprender, no solo memorizar recetas.
Nada como el tiempo
Cuando estudié patronaje hace 40 años, era una jovencita estudiante de arquitectura. Mi mente estaba preparada para recibir cualquier conocimiento, pero mi experiencia en costura profesional era poca. La mayoría de mis conocimientos de costura provenían de fuentes cercanas: leía revistas, practicaba en casa, le pedía consejos a mi abuela y ejercía realizando muñecas de trapo, prendas sencillas, mochilas y ropa de cama y mesa.
Estudiar y llegar a ser una modelista profesional en un curso acelerado fue un gran desafío. Fue acelerado, pero fueron 3 módulos de 60 horas.
Me ayudó muchísimo ser estudiante de arquitectura porque como bien lo dijo, en su momento, el profesor Leite Amaral, “el modelaje es la ingeniería del vestido”. Y fui elevando el edificio del patronaje sobre mis conocimientos de dibujo técnico, los adquiridos en el bachillerato y la facultad. Fácilmente podía visualizar en 3D, los patrones de papel, podía imaginar las holguras y entender el por qué de ellas. Pero como bien nos decía Leite Amaral, el aprendizaje culminaría cuando pusiéramos en práctica el conocimiento adquirido, ahí estaría el descubrimiento de la joya del conocimiento. Me llevó varios años completar el aprendizaje, después de obtener el diploma, y lo hice mientras practicaba con mis clientes, trabajando como modista. Y aún ahora, después de 40 años, sigo aprendiendo de las experiencias diarias en este oficio infinito.
Son muchos años, con algunas interrupciones, pero que igualmente suman, porque hasta el tiempo de descanso puede ser útil en un oficio como este. Tomar distancia también ayuda, porque vemos las cosas desde otro punto de vista.
Considero que enseñar implica una responsabilidad: mostrar las herramientas necesarias y toda la verdad para que el estudiante se defienda en su oficio. Y no jugar con su deseo, porque eso sería deshonesto.










